El viernes 15 de junio, se conmemoró el centenario de la Reforma Universitaria. En oportunidad de la fecha, y en el marco de la 3ra Conferencia Regional de Educación Superior que reunió a más de 5 mil representantes del sector educativo de América Latina y el Caribe, el rector de esta universidad, Jerónimo Ainchil, repasa los aspectos fundamentales que esta reforma dejó en el sistema de Educación Superior en Argentina, su influencia en América Latina y el mundo y las desafíos de esos postulados hacia el futuro.

"La expresión Reforma Universitaria, que desde hace décadas tiene un fuerte significado real y simbólico en el ambiente universitario, este año traspasó las aulas de las universidades para instalarse y escucharse repetidamente en los medios de comunicación y en otros ámbitos. Esto sucede porque se cumple el centenario de los sucesos que derivaron en esa Reforma Universitaria, un concepto que reúne una serie de hechos trascendentes que, desde Argentina, produjo fuertes implicancias en la historia de la educación del siglo XX, especialmente en la Educación Superior. Es, sin dudas, un hito del que los argentinos podemos sentirnos orgullosos, y que tuvo y tiene una influencia que hoy se denominaría “global”, saludado y reconocido en todo el mundo.

La Reforma Universitaria es un movimiento que sentó las bases del actual modelo de Universidad Pública, Libre y Gratuita, apoyada en un par de pilares claves: la autonomía, que implica la libre elección de autoridades, estatutos y programas de estudio (recordemos que en varios países los rectores de las universidades públicas son elegidos por el presidente o el poder político de turno); el cogobierno, compartido por docentes, graduados y estudiantes; la extensión universitaria, con actividades para toda la población; la periodicidad de las cátedras, el acceso docente a través del concurso público de oposición por un lapso de tiempo; la libertad de cátedra, para investigar y enseñar y, más tarde, la gratuidad de la enseñanza universitaria.

Estos lineamientos concentran lo que denominamos Universidad Reformista, el modelo de la universidad pública argentina que se replicó, en mayor o menor medida, en buena parte del mundo y que se adelantó 50 años, en sus postulados, a la revuelta estudiantil del, tal vez (¿injustamente?), más famoso “mayo francés” del ’68, con relación a sus reclamos universitarios.

Una universidad para un nuevo modelo de país y de sociedad

El movimiento reformista del ´18 no fue ajeno a un clima de época del que se destacan otros movimientos políticos y sociales en América y el mundo. La Revolución Mexicana (1910), la Revolución Rusa (1917) y la reconfiguración europea posterior a la Primera Guerra Mundial, entre otros hechos, reflejaron rupturas con el orden anterior. En Argentina, esta convulsión, más el aporte de la inmigración europea, daba oxígeno a cambios, algunos de ellos muy visibles y trascendentes como la Ley ”Sáenz Peña” de voto secreto, que derivó en las primeras elecciones libres (y sin fraude), que gana Hipólito Yrigoyen, liderando la expresión de esa nueva sociedad, en 1916. En esos años, nuestro país ya contaba con cinco universidades: Buenos Aires, La Plata, Santa Fe, Tucumán y Córdoba, con intensa vida estudiantil, pero que no representaba aún ese cambio de época, ni a esos nuevos actores sociales (comerciantes, obreros, empleados, cuentapropistas, etc). Esas dos “corrientes de aire” provocaron una tormenta que barrió con el “viejo orden” universitario y alumbró la reforma de 1918.

En Córdoba, un detalle “menor” (el cierre de las guardias del Hospital de Clínicas) fue la chispa que encendió a los estudiantes y su reclamo de reformas, para involucrar a esa tradicional casa de estudios, fundada en 1613 (la primera en nuestro territorio), con características de esa época fundacional que, por ejemplo, negaba las ideas darwinistas de la evolución y estaba totalmente alejada de los nuevos actores sociales y sus problemáticas.

Los estudiantes comenzaron a movilizarse por estos reclamos, para legitimar nuevas autoridades y cuestionar los anticuados reglamentos universitarios. En abril del ´18 nace un frente transversal: se crea la Federación Universitaria Argentina (FUA), con representantes de las mencionadas universidades.

La fecha que se conmemora la gesta, el 15 de junio, no es la de la conclusión de ese movimiento sino, prácticamente, el inicio del mismo. Ese día los estudiantes declaran una huelga general estudiantil que se nacionaliza en todas las casas de estudio y alumbra el famoso “Manifiesto liminar” que sienta las bases de un movimiento que no se detendría hasta alcanzar escala continental.

Las ideas impulsadas desde el movimiento reformista tuvieron, a partir de allí, varios avances y retrocesos (especialmente en los gobiernos militares con su intervención de las universidades y su sino trágico de secuestros y asesinatos de alumnos y docentes), pero siempre pudieron ser recuperados, enaltecidos y sostenidos. No fue, lamentablemente, el caso de otros países, donde gobiernos dictatoriales lograron barrer, en todo o en parte, estas conquistas universitarias.

Desafíos a 100 años de la Reforma

Este Centenario nos encuentra con un sistema universitario sólido, extendido en todo el país gracias a 54 universidades nacionales y que guarda los principios básicos y fundamentales del movimiento reformista. Pero aún estamos en deuda o a medio camino con muchos de ellos, a lo que se suman los nuevos desafíos de esta época cambiante y dinámica.

  • La universidad pública debe seguir trabajando para sumar, especialmente, a los sectores de bajos recursos. Por eso universidades como la nuestra financian becas para diversos fines (transporte, material bibliográfico, equipamiento) que permiten sostener la permanencia.
  • Debe trabajar para integrar a todos los actores y estamentos sociales: debe abrir las puertas a su territorio de influencia y los actores locales, los vecinos y la comunidad en general que deben juegan un rol decisivo en el moldeado de esta institución. Por ello trabajamos articulando con los sectores socioproductivos, culturales y educativos y nos involucramos con los municipios en la búsqueda de soluciones ambientales, en problemáticas cotidianas y temas de desarrollo económico local, que le mejoren la vida, especialmente, a los sectores más vulnerables.
  • La Universidad debe no sólo sumar más alumnos sino sostener su permanencia y cursada, reducir la deserción y aumentar sus egresados, sin perder la calidad. Por eso nos involucramos en el apoyo a estudiantes secundarios con tutorías en diferentes áreas que les permitan un tránsito más fluido hacia un estudio superior y ofrecemos un apoyo similar a nuestros alumnos universitarios.
  • La gran mayoría de la sociedad que no cursa carreras de grado también tiene que tener un espacio en su oferta educativa. Para ello sumamos, en las tareas de Extensión, talleres, cursos, seminarios, charlas, actividades culturales y deportivas gratuitas y para todos.
  • La universidad tiene que involucrar a las personas que necesitan de la Educación Superior más allá de un título; a la formación general, a la formación para el trabajo, a la necesidad de reconvertirse, y de tener más competencias para enfrentar este mundo tan cambiante.
  • La universidad pública está destinada, por definición, a los sectores de menores recursos para que, con educación pública, gratuita y de calidad, puedan lograr la movilidad social ascendente que fue, y debe volver a ser, una característica distintiva de nuestro país. Por eso nos vinculamos también en los barrios más vulnerables y con los más pequeños.

La juventud de 1918 exigía una universidad que los representara en sus inquietudes. Hoy la universidad debe atender las aspiraciones y necesidades de los jóvenes de este siglo XXI.

La universidad que pretendemos es la de un lugar de encuentro, un lugar en el que la sociedad pueda respaldarse. Es un espacio donde no hay soluciones, sino formas de buscarlas, en el que deben habitar las mejores tradiciones de la ciencia con la cultura política democrática. La universidad es un espacio contracultural en tiempos donde reina lo efímero e instantáneo, donde pretendemos crear un lugar para la reflexión y el análisis.

Los docentes, estudiantes, trabajadores y autoridades de la universidad tenemos que honrar la memoria de aquellos que hace cien años promovieron la Reforma Universitaria, pero fundamentalmente, honrar a esos millones de argentinos que no asistieron y no asisten a la universidad pública, pero que con su esfuerzo, con su trabajo diario, la sostienen. Es un compromiso de esfuerzo, por parte de los estudiantes (el de estudiar y recibirse) y de quienes somos parte de la universidad, de utilizar con responsabilidad los recursos.

Aún con las deficiencias que debemos mejorar, el sistema universitario argentino sigue siendo ejemplo en el mundo de acceso libre, gratuito e irrestricto; ejemplo de investigación, con varios premios Nobel en su haber, ejemplo de vinculación con la sociedad a través de sus actividades de extensión y su relación con gobiernos de todos los niveles.

Todavía hoy existen fuertes presiones para declarar a la Educación Superior como algo similar a una mercancía, sacarla del entorno global de la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), para pasar a la órbita de la OMC (Organización Mundial de Comercio). Esas tensiones se reflejaron, y fueron parte, de la discusión en la Conferencia Regional de Educación Superior (CRES2018) que este año se desarrolló en Córdoba en conmemoración con los festejos de la Reforma.

La ocasión no podría ser más simbólica: en la tierra del reformismo universitario, en la fecha del Centenario, es el momento para reafirmar, una vez más, que la Educación Superior no es una mercancía, es un derecho, un bien público y una responsabilidad indelegable del estado".

Dr. Jerónimo Ainchil - Rector Universidad Nacional de San Antonio de Areco